Todos sabemos de IA, todos hemos oído que es el futuro del trabajo o que nos va a mandar al paro, que nos va a agilizar el nuestro… pero ¿realmente somos conscientes de todo lo que conlleva un chat en un navegador donde le decimos que nos cree una imagen de un perrito jugando a la pelota en la playa?
La inteligencia artificial baja al barro: Por qué la verdadera revolución no está en el software, sino en la economía real
Si te pregunto por la Inteligencia Artificial (IA), seguramente lo primero que te venga a la cabeza sea un chat en la pantalla del ordenador o del móvil, o programas que generan imágenes impactantes. Durante los últimos años, hemos consumido ríos de tinta, o mejor dicho, terabytes de artículos online, hablando de cómo estas herramientas van a cambiar nuestro trabajo o nos va a mandar al paro. Sin embargo, si levantamos la vista de la pantalla, nos damos cuenta de que la verdadera revolución no está ocurriendo en el mundo digital, sino en el físico.
He leído el último informe de Goldman Sachs, titulado «Harnessing AI for the Real Economy» (Aprovechando la IA para la economía real), lo puedes descargar en aquí Harnessing AI for the Real Economy | Goldman Sachs, y las cifras que manejan son de las que te obligan a sentarte y prestar atención. Lo que nos están diciendo los grandes banqueros de inversión es que el impacto de la IA en la economía del día a día —la manufactura, la energía, la robótica o la logística— va a dejar pequeña la transformación tecnológica que hayamos vivido hasta ahora.
La revolución silenciosa de la industria
Para que te hagas una idea de la magnitud: los hiperscalers (los gigantes tecnológicos como Google, Microsoft o Amazon) planean invertir más de 6 billones de dólares en IA hasta 2030. Eso es muchísimo más dinero del que se invirtió para montar toda la infraestructura de internet durante la fiebre de las «puntocom».
¿Y adónde va todo ese dinero? Al mundo físico. El informe destaca cómo las fábricas ya están usando IA para el mantenimiento predictivo, logrando reducir el tiempo de inactividad de la producción en un 40%, como es el caso de plantas de Siemens en Alemania. Hablamos de robots humanoides trabajando turnos de 10 horas en las líneas de montaje de BMW en Carolina del Sur, de «gemelos digitales» que permiten a las empresas simular cadenas de producción enteras antes de gastar un solo euro en su construcción, o de sistemas inteligentes gestionando las redes eléctricas para que no colapsen.
Un optimismo cauto frente al espejismo de la burbuja
Entiendo que, al leer sobre inversiones billonarias y robots en las fábricas, el instinto nos pida entrar en pánico o, por el contrario, sacar los ahorros para invertir cualquier acción que lleve las siglas «IA» en su nombre. Y es aquí donde debemos pararnos y aplicar un momento el sentido común.
Es indudable que estamos ante una oportunidad histórica. La tecnología está madurando rápido y el capital que la respalda es gigantesco. Sectores enteros van a volverse inmensamente más productivos, lo que a largo plazo debería traducirse en un alivio de los costes de producción y, esperemos, en una moderación de los precios para nuestros bolsillos (aquí me he permitido ser un poco más optimista). Invertir en las empresas que están liderando esta transformación (no solo los fabricantes de chips, sino las empresas de energía, infraestructuras y robótica que lo hacen posible) es apostar por el motor del futuro.
Sin embargo, como ocurre con cada gran salto tecnológico, el entusiasmo puede cegarnos. Muchas de las valoraciones de estas empresas están descontando un futuro perfecto que aún no existe. El propio informe advierte de cuellos de botella gigantescos: no hay suficiente energía para alimentar todos los centros de datos que se quieren construir, y faltan cientos de miles de trabajadores cualificados para montar esa infraestructura eléctrica. Las expectativas corren más rápido que la realidad.
Llegados a este punto, y para que las cosas queden claras: todo lo que te cuento aquí es una reflexión personal sobre cómo se mueve el mercado y que entiendo con la lectura de este informe de Goldman Sachs, no una recomendación para que vayas corriendo a comprar acciones de empresas de IA. Dejarse llevar por los titulares sensacionalistas o informes de inversiones multimillonarias y entrar a lo loco es un error de manual. Cada familia tiene sus necesidades y cada persona su traje a medida.
Como siempre, esto es solo mi opinión y lo que voy aprendiendo por el camino. Las decisiones, cada uno las suyas.